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La restricción del crédito a las pymes



La restricción del crédito a las pymes
El crédito a las empresas siguió restringiéndose en 2010. Y en esa tendencia hay que apuntar causas tanto relacionadas con la oferta como con la demanda. Por el lado de la oferta, subrayar que la creciente preocupación de las entidades de crédito por la solvencia y la liquidez, unida a la evolución negativa de las tasas de morosidad y a la pérdida de valor de algunos activos, se está traduciendo en un mayor rechazo de las solicitudes de créditos por parte de las entidades que procuran limitar su exposición al riesgo. En ese sentido los resultados de la encuesta del Consejo Superior de Cámaras de Comercio revelan que más del 86% de las pymes que acudieron el cuarto trimestre del año pasado a una entidad financiera tuvieron problemas para acceder a un préstamo, un punto más que en el mismo periodo del año anterior, y que las que lo consiguieron vieron endurecidas de manera notable sus condiciones. Por el lado de la demanda, el ajuste también fue importante y en la misma dirección, pues la debilidad del consumo ha provocado un exceso de capacidad productiva y, por ende, la reconsideración de los proyectos de inversión. La consecuencia: una disminución importante del número de solicitudes de financiación para este fin. Sí se mantuvieron las peticiones para financiar circulante y para reestructuración de deudas con objeto de sortear, en la medida de lo posible, alguno de los efectos negativos de la crisis y reducir los importes de las cuotas de los préstamos en vigor, buscando ajustar los pagos a los ingresos.

Es difícil aventurar cuándo se alcanzará la normalización del flujo crediticio, pero sí puede apuntarse que no será en el corto plazo y que para conseguirlo es preciso que mejoren las perspectivas económicas generales, que retorne la confianza y que las entidades de crédito recuperen plenamente su actividad y vuelvan a dar la máxima cobertura a las necesidades financieras de las empresas. Hasta que eso ocurra, no obstante, hay que buscar soluciones y caminos que acorten la distancia y que ayuden a evitar que la actividad pierda más pulso. Con ese objetivo el sector público está aplicando programas de apoyo a la expansión del crédito dirigidos a compensar, aunque sea parcialmente, la disminución de la oferta y favorecer la financiación empresarial.

De entre las medidas adoptadas, una de las más novedosas ha sido un nuevo programa al que se acaba de adherir Suraval, a través del cual el ICO actúa de prestamista directo ante las pymes, financiando operaciones de hasta 600.000 euros, que deben contar con el aval de una Sociedad de Garantía Recíproca (SGR) sobre el 50% del riesgo. Este programa presenta un planteamiento diferente al de las líneas desarrolladas hasta ahora, en las que las entidades de crédito financiaban y asumían una parte del riesgo. Ahora, el ICO financia la totalidad de la operación con sus propios fondos y cuenta con las SGR para compartir el riesgo y sobre todo con su capacidad y estructura regional para poder llegar con más eficacia a las pymes. Por otro lado, CERSA, la sociedad estatal de reafianzamiento, adscrita al Ministerio de Industria, acaba de poner en marcha una línea de avales para préstamos a emprendedores de hasta 60.000 euros con una cobertura del 75 % del total del riesgo asumido por las SGR.

La experiencia de las SGR en la financiación empresarial puede jugar un papel importante en un momento como el actual. Creadas mediante impulso público para facilitar el acceso al crédito a las pequeñas y medianas empresas, están extendidas por todo el territorio y disponen del apoyo de la Comunidad Autónoma en la que desarrollan su actividad. Estas sociedades tienen en vigor avales concedidos a más de 100.000 pymes por un importe de 7.000 millones de euros, habiendo formalizado operaciones desde sus inicios hasta 2009 por más de 22.000 millones de euros. Su mediación puede ser, por cercanía y conocimiento del tejido empresarial, muy eficaz y será un apoyo destacable en la búsqueda de soluciones para la normalización de la situación, si bien ésta, como ya se ha dicho, no se logrará previsiblemente hasta que se recupere la confianza y cajas y bancos vuelvan a conceder el volumen de crédito que la actividad económica requiere.





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